jueves, 14 de abril de 2011

Hasta siempre, VIDA

Empiezas a trabajar. Eres joven y le pones entusiasmo a la vida. Ves como tus ingresos crecen. Consigues abandonar el nido, el hogar donde tus padres te han cuidado. Comienzas tu nueva vida. Quizá cerca de tus padres, quizá más lejos. La distancia te hace independiente. No quieres volver a pedirles nada. Bastante te dieron ya alimentándote y pagando una formación que siempre será útil directa o indirectamente para abrirte paso en la jungla de la vida.

Aprendiendo el valor del dinero empiezas a conocer las preocupaciones del adulto. Para juntar dinero es necesario el esfuerzo. Con tus primeros ahorros decides comprar una casa. Tu propia casa. El lugar donde llegas cansado de tu esfuerzo diario y, sentándote en el sofá comprendes el sentido de que hay que trabajar primero para poder descansar después. El resultado de tu trabajo te inyecta vitalidad para seguir adelante.

Tus padres están orgullosos. Han hecho un buen trabajo criando a una prole que supo valerse por sí misma.

Te aventuras en una hipoteca. Decides sacrificar parte de tu ocio para dedicar una buena parte de tu sueldo a pagar lo que hasta hace bien poco te parecía inalcanzable. Tienes tu propia casa. Ya no puedes gastar como antes, pero merece la pena el esfuerzo. Poco a poco vas amueblando la vida. Poniendo un poco de ti en cada pequeño rincón. Imprimiendo tu carácter. Adornando esto de aquí con un poco de sudor. Tu proyecto de vida va cobrando forma. Ves tu vida encarrilada. No podía ser de otra forma, desciendes de una familia de ferroviarios.

De repente, todo se ve truncado. Viene el descarrilo. La sombra del paro que se venía cerniendo sobre ti te atrapa definitivamente. Es inmediato. Todas tus ilusiones, todas tus energías te abandonan por completo. No sabes como decirlo. No habías aprendido todavía a tener que volver a los tuyos y decirles que no puedes valerte ya por ti mismo.

No quieres hacerlo. Te cuesta ver qué será de tu vida a partir de ahora. No quieres decir a nadie que ya no vales nada. No quieres que sepan que todo lo que tienes lo vas a perder. No sabes si te quedan amigos. Comprendes que ellos también tienen que cuidarse ellos mismos como para tener que pedirles favores. Algunos ya no te ven con los mismos ojos. No te gusta que te miren con pena. No quieres dar pena y prefieres no decir nada. Curiosamente, a los que más quieres, más les tienes engañados. No quieres que sepan lo que te pasa, no sea que al saberlo los acabes perdiendo. Y no quieres eso.

Empiezas a acordarte de Dios. ¿Por qué te hace pasar por esto? ¿Es que te lo mereces? ¿Qué fue lo que hiciste mal? ¿Por qué te castiga de esa manera?

No ves la salida. Esta nueva situación te desborda. Afecta a tu relación de pareja. Siempre pensaste que el amor lo puede todo. Pero todo acaba desmoronándose.

Prefieres no ver nadie. Evitas a toda costa encontrarte con alguien que pueda preguntarte qué tal estás.

¿Qué vas a hacer ahora? Ayer considerabas que eras feliz. Y hoy todo se te hace cuesta arriba.

Tu casa ¿qué será de ella? Cuando la compraste pensabas que si algún día no pudieras seguir pagándola, la venderías y ya está, que todo tenía solución. Pero cuando esa casa llega a representarte a ti mismo… perderla es como perderte a ti.

Tienes cierta edad y te consideras mayor. No crees que puedas volver a ser el que eras. Pensabas que habías superado ya lo peor y, qué tonto, vuelves a empezar a unas alturas de la vida que…ya no podrás volver a ser la mitad de lo que fuiste.

Quizá encuentres de nuevo trabajo, sí, pero con menos de la mitad del sueldo que habías estado percibiendo. Y no parece encontrarse fácil. Te sientes cansado. Y no sabes por qué. Si esto del paro no te hubiera sucedido… No tienes fuerzas para volver a levantar tu vida.

Es lo que hay.

Igual todo se soluciona con la vía. El tren tuvo mucha presencia en tu vida todos estos años. Piensas en lanzarte a ella. Así por lo menos haces que un tren llegue con retraso por una razón de peso. Pero por alguna razón, las alturas te empiezan a parecer más apetecibles e irresistibles. Comienzas a preguntarte qué se sentirá en el breve momento del fuerte impacto de tu cuerpo contra la dura acera. Igual es mejor que arrojarse a la vía. Mientras estás cayendo puedes, por un instante, ver pasar toda tu vida por delante de tus ojos, como en un intento vano de volver a experimentar todos aquellos momentos felices. Es una bonita forma de acabar. Te gusta la idea de llegar al suelo antes de recordar el capítulo de tu vida que te llevó a lanzarte en el vacío.

sábado, 26 de marzo de 2011

El Fantasma de la semana santa.

El otro día me topé con lo que creo que era un ensayo de paso de cara a la incipiente semana santa. Como afortunadamente llevaba una cámara encima, saqué una foto a dicho paso que, junto con la letra de la canción “La Saeta” de Joan Manuel Serrat, representan como veo yo a esta semana santa de pasos.

No pretendo faltar el respeto a quienes adoran estas imágenes pesadas y se pegan por poder cargar con semejantes muertos por razones que prefiero desconocer.

Llevan literalmente, soportando sobre sus hombros, un FANTASMA.

¡Oh, no eres tú mi cantar
no puedo cantar, ni quiero
a este Jesús del madero
sino al que anduvo en la mar!

Nunca me senti cómodo besando figuritas del niño Jesús en tiempos de Navidad ni Cristos en tiempos de semana santa.

Oh, la saeta, el cantar
al Cristo de los gitanos
siempre con sangre en las manos,

siempre por desenclavar.


Cargando muertos y dañando nuestro cuerpo, no conseguiremos desenclavar a Cristo.

El fantasma de la semana santa está de nuevo al acecho.

lunes, 28 de febrero de 2011

Sin palabras





martes, 8 de febrero de 2011

¿Cuando vendrá el calor?


¡Qué tiempos aquellos! Uno ve fotos de sí mismo en el pasado y añora volver a ellos. Esas fotos hacen que odiemos el tiempo. El tiempo estropea los cuerpos. Aquellos que no preocupamos por nuestro físico, luchamos contra el paso del tiempo. A más tiempo, más sacrificio requiere por nuestra parte. Cierto es que nuestra lucha viene justificada sólo desde la aceptación de los genes que nos ha tocado heredar. Podemos ser de caderas anchas y espalda estrecha. Eso no podemos cambiarlo. Pero sí podemos ejercitar los diferentes músculos del cuerpo para que las proporciones sean más "saludables".

Afortunadamente, existe la prenda de vestir. Con ella podemos disimular sin esfuerzo aquello que, de otra forma, nos obligaría a realizar un mayor sacrificio y fuerza de voluntad. Esto ya distingue a dos tipos de personas. Bueno, igual a más, pero centrémonos en los que se preocupan por su interior y descuidan el exterior y los que se preocupan de su exterior descuidadndo su interior.

Con esto quería llegar a una idea: Igual que pasa con nuestros cuerpos, lo mismo pasa con nuestro yo interno. A medida que nos hacemos mayores, nos cuesta más sacrificio seguir creyendo en la bondad de las personas. Nos vamos haciendo malos y nos cuesta conservar aquella bendita inocencia.

Qué decir que no se sepa. Hay que sacrificarse y autoflagelarse. Darse latigazos a la conciencia, que para eso la tenemos. Al cuerpo no. ¿eh? Que es un regalo de Dios.

jueves, 3 de febrero de 2011

¡QUÉ GRACIA!

Y no me refiero a la gracia de Dios. Un colega de trabajo me comentaba hoy que su hija tiene en su Facebook una frase que viene a decir algo así como “si se pudiera razonar con personas religiosas, no existirían las personas religiosas”.

¿Qué imagen tiene el mundo de las personas religiosas? ¿Soy yo una persona religiosa? Supongo que lo soy para algunos pero no para otros.

¿Me considero una persona religiosa? Pues…, supongo que me considero, sí.

¿Y se puede ser religioso y razonable a la vez? Parece ser que, según esta chica, no.

Y digo yo, ¿Es que hay algo más razonable que Dios?

Jajajajaja. (Risas de loco, para confundir)

lunes, 31 de enero de 2011

Habitar en los sepulcros

Es difícil saber estar. Una broma puede resultar hiriente. Saber marcar los tiempos. ¿Acertar siempre?

Un fin de semana sin compañía o con un ratito de ella no es aburrido. Uno necesita encontrarse con uno mismo. Pensar. Llorar, reir.Cantar, bailar, acariciar un gato. Muchas veces será un batiburrilo de pensamientos sin sentido. Otras veces descubriremos todo un mundo nuevo. Nuestro mundo y como hacer de él una persona mejor. Con nuestro mundo no me refería al mundo mundial, sino a nuestro yo. Nos tenemos que redescubrir. Somos capaces de eso y más.

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Hacía tiempo que no lo oía. Pareces el tío más feliz del mundo. Siempre con una sonrisa. ¿Se puede saber dónde he estado que había dejado de oirlo? A veces no sabes si es un reproche o unas ganas de que les cuentes el secreto. Sonreir no es tan difícil. ¿O sí?

Supongo que iluminar las mañanas de las personas hace que afronten mejor el transcurso del día.

sábado, 25 de diciembre de 2010

Legionarios de Cristo

O como diría el niño que salía ayer en la primera, bien podrían llamarse los secuaces de Cristo. ¿Acaso no decía que sin la ayuda de los duendes secuaces los Reyes Magos no serían capaces de repartir todos los regalos?

Ayer con gran sopresa escuchaba la noticia. Resulta que una tal Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, está ardiendo en la hoguera, cual bruja en tiempos de la Inquisición. Por orden del actual Papa, los Legionarios de Cristo deben eliminar todos los libros que escribió su fundador, tener cuidado de que no vuelva a aparecer en ninguna librería. Eliminar su nombre de cualquier memoria escrita o digital. Prohibido volvar a citar su nombre. Cualquier honor que hubiera tenido en el pasado deben rescindirlo por ley "divina".

Y digo yo, si tienen por orden eclesial borrar su memoria, ¿por qué no se borran ellos del mapa que son obra suya?

Por si aún no he sido entendido voy a explicarme mejor. La razón de toda esa locura radica en que el tal Marcial Maciel fue un reconocido pederasta. Innumerables niños pasaron por su regazo. Siendo un hombre que cometió estas atrocidades, ¿cómo vamos a tenerle como un santo varón? Hasta ahí, de acuerdo. Pero esta actitud POLÍTICA del Papa no me gusta un pelo. Entiendo que el Papa no es un político de tres al cuarto. La cara de la Iglesia no se lava con esta actitud. Bueno, igual para los que son cortos de mente sí, pero para las mentes como la mia, no creo que ese sea el camino.

Si un hombre tiene ideas, las lleva a cabo, y son buenas para el género humano... ¿Acaso si ese hombre se equivoca de camino y se vuelve un criminal, deja de tener valor todo lo que hizo hasta que se torció su vida? Y eso que ni conozco al tal Marcial ni me gusta nada la imagen de negro de los legionarios de cristo. Pero borrar toda memoria suya porque se volvió un peligro para la sociedad...

¿Es este el perdón que predica la Iglesia?