Estamos en la primera semana de Adviento. Y casi se me pasa sin hacer ninguna mención. Normal, con el par de días que llevo esta semana, estoy como para pensar en "advientos".
En ocasiones nos centramos tanto en las cosas que nos agobian que no nos damos cuenta de lo que pasa a nuestro alrededor.
El Adviento nos anuncia que la NAVIDAD está a la vuelta de la esquina. Otra oportunidad más. ¿Cuantas veces a lo largo de este año habremos fusilado a Dios contra el paredón?
Pues lo que nos viene a decir el Adviento es que de nuevo podemos hacer que nazca Dios en nuestro corazón. ¿Le estais preparando la habitación (corazón)?
Qué pareja, cuando sabe que espera un bebé no empieza a ilusionarse con la preparación del cuarto del bebé, que si los patucos, que si los móviles musicales, que si las lucecitas con peces, etc. Sí, ya sé que están aquellas que cuando se enteran de que les viene un nene muchas rompen y otras acuden a refugiarse a esta nueva reforma de la ley del aborto. No me refiero a estas, evidentemente.
Quiero decir que aunque está bien preparle una habitación, pintarle animalitos en las paredes, etcéteras, etcéteras, está muy bien. Pero al niño Dios bien le vale un pesebre. Al igual que cuesta mucho disponer de una habitación en casa, también nos cuesta disponer de un huequillo en nuestro corazón. A Dios le vale cualquier cosa. Hasta el rincón más sucio que tengamos. Lo importante es que, por sucio que sea, le reservemos un huequito para que vuelva a nacer.
Quién sabe, quizá después crezca, se haga grande, ocupe todo nuestro corazón como un hijo ocupa el de sus padres y lleguemos un día a volver a creer en DIOS.