martes, 5 de abril de 2016

Evangelio según San Juan 3,7b-15

De repente nos preguntamos por qué hemos hecho algo. Algo que desde el punto de vista de los demás e, incluso desde el punto de vista de uno mismo, no tiene una explicación razonable socialmente hablando. Y digo socialmente hablando porque estamos manejados indirecta o directamente por la sociedad. Creamos o no creamos, la sociedad ejerce una presión sobre nosotros. Limita nuestros actos y nos juzga por ellos.

¿Quién no ha tenido esa sensación de "trabajo bien hecho" de hacer algo que no es aprobado por la sociedad o nuestro entorno más cercano pero que nos procura paz con nosotros mismos? No sé si seré capaz de poner un ejemplo. Por eso hablo de esta forma genérica, esperando que la sensibilidad que a veces ilumina mis palabras acompañe a los dedos que teclean para llegar al entendimiento del que las pueda leer.

No siempre coinciden nuestro impulsos a la hora de actuar con lo que recomienda la Santa Madre Sociedad. Lo escribo con mayúsculas ironizando a la Santa Madre Iglesia Católica, a la que muchas veces nos empujan a creer con los ojos cerrados. Ni la una ni la otra deberían ejercer ningún tipo de presión sobre nuestros actos, tampoco opinar de ellos ni juzgarnos.

La sabiduría popular tiene sus refranes y sus referencias. Ante cualquier decisión importante es conveniente guardar reposo. Sosegar nuestra alma y calmar a la razón. Consultar con la almohada siempre ha sido muy útil.  En tiempos de Jesús se llamaba retirarse a orar. Quién sabe si los apóstoles de entonces, que se durmieron al lado de Jesús cuando este discernía sobre si pasar por la crucifixión o no, inventaron el término "consultar con la almohada". Es broma. Humor particular. Licencia del que escribe esto.

¿Y aún hoy nos preguntamos si actúa o no el Espíritu Santo?

"El viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu"


Escuchando a nuestro corazón, muchas veces sin entender a donde nos empuja, estamos escuchando esa voz que no sabemos de donde viene ni a donde nos lleva. La tan consabida disputa de Corazón o Razón, a cual hago caso, muchas veces es la misma disyuntiva de Dios o los hombres. 

Y no por escuchar más a uno u otro, vamos a sufrir menos, no nos confundamos. Pues bien se sufre siguiendo la ley del hombre como también la ley de Dios (la del amor) que no termina de casar bien en nuestra sociedad actual.


jueves, 5 de noviembre de 2015

"Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos".

San Lucas 15,1-10.

Dime con quién andas y te diré quien eres. Se me antoja dañina esta frase. 

Conozco personas que no se relacionarían con otras por su forma de vestir. Supongo que por que perjudicaría enormemente la imagen que ellos creen que tienen los demás de ellos. Otros, no se les vería nunca con otros simplemente por no tener el mismo nivel económico que ellos tienen. Y así, se me ocurren muchísimas razones, unas más surrealistas que otras, por las que personas no se relacionarían nunca con otras personas.

¿Nos influye tanto lo que piensen de nosotros por rodearnos de ciertas personas? Lo curioso es que ya, desde pequeñitos, algunos de nuestros padres igual no les hacía gracia que hiciéramos miguitas con niños gitanos. Y en nuestras adolescencia, etapa fundamental de nuestra vida donde los psicólogos dicen que nos formamos como personas, ya nos advierten sobre las compañías que nos hacen bien o nos hacen mal.

No sé si el primer párrafo es consecuencia del segundo. Lo que es cierto, es que, una vez de mayores, nos afecta lo que piensen de nosotros por las personas que tenemos a nuestro lado.

En tiempos de Jesús, con pensamientos no muy lejanos a los radicales religiosos que existen hoy en día, el comer con pecadores era visto como un peligro potencial para contaminarse. Por tanto, para ser visto un pecador como con los que comes.

Siempre he creído que Dios está dentro de nosotros. No tenemos que ir a buscarle fuera ni lejos. Sólo tenemos que buscar en nuestro interior. 

Sólo entiendo una forma de no querer relacionarse con alguien. Que ese alguien te chupe la energía vital. Hay personas que nos agobian teniéndolas cerca. Cambian de humor frecuentemente. Raro es el día en el que no estén quejándose de todo y diciendo que la vida es una mierda. Esparcen su mierda allá por donde van y disfrutan manchándonos con ella. Supongo que hay que tener mucha luz para que una persona ceniza de este tipo no te llegue a tapar y a apagarte. 

Aunque por otro lado pienso, no está hecha la luz para no ser escondida bajo el celemín? Incluso con el riesgo de que cualquier viento nos la apague? 

Parece lógico pensar que nuestra luz es para ayudar a otros a encontrar el camino en condiciones de poca visivilidad. Al igual que muchas luces encendidas de día, no tienen ningún sentido, por la noche o con niebla nos ayudan a ver y ser vistos. Así tenemos que hacer con nuestra vida. Que ilumine a aquellos que viven con niebla.

martes, 20 de octubre de 2015

Evangelio según San Lucas 12,35-38. Jesús dijo a sus discípulos: "Estén preparados, ceñidos y con las lámparas encendidas.

Hoy voy a escribir. Hacía mucho tiempo desde la última vez. Y es que cuando se deja de sentir al espíritu, es como estar seco. Nada que decir.

Pero hoy, al leer el evangelio me han entrado unas ganas locas de soltar lo que llevo dentro. Ya prevengo que lo que me ha hecho sentir la lectura de hoy nada tiene que ver con las interpretaciones que puedan hacer en la homilías.

"¿Estamos preparados, ceñidos y con las lámparas encendidas?"- podría hacer esta pregunta de varias formas diferentes. 

¿Estamos preparados para dejar entrar a Dios en nuestras vidas?

Y es que desde el punto de vista de que Dios está en todos nosotros, yo sí hago por estar preparado. De un tiempo a esta parte 3 personas nuevas han entrado o están entrando en mi vida. Yo, al menos, les estoy abriendo la puerta cada vez que llaman. Les invito a entrar.

No sé por qué tengo esa extraña necesidad de conocer a más personas. Siempre me aportan algo. Incluso muchas veces me pregunto si los habré conocido en alguna vida anterior. Sí, ya sé, el tema de la reencarnación no es muy católico, pero entendamos que es una forma de hablar.

Muchas veces he pensado que Dios es como los magos. No viene pronto ni tarde, si no exactamente cuando se lo propone. Y cuando viene a mi puerta ni se me ocurre decir que no me interesa. Le abro. Y ahí está. En esa persona que acabo de conocer. Lo sé porque enseguida me siento a gusto. Las conversaciones son fluidas y ricas, alegran el alma, aunque el tema sea trivial.

La sociedad de hoy nos suele frenar en esto de dejar entrar a Dios en nuestras vidas a través de las personas. Una de las barreras son los amigos de siempre. Como son de toda la vida,  parece que se enfaden si hacemos nuevos. ¿Pensarán que los vamos a sustituir? 

Otras veces es la pareja, si la tenemos. No les gusta un pelo que hagamos amistad con personas de su mismo sexo. ¿Pensarán que le vamos a sustituir?

Y también somos nosotros mismos. Bien por que sea que pensamos que no necesitamos más amigos porque los que tenemos son suficientes y nos colman y nos llenan. Bien porque pensemos que mejor no tentar la suerte porque no nos fiamos de nosotros mismos y quién sabe si de la amistad al amor (o al sexo) sólo hay un paso....

Nos cerramos puertas. y cerrarnos puertas, es cerrársela a Dios.


Me leo y encuentro controversia. Pero lo voy  a dejar así. Al fin y al cabo, quien no arriesga y siembra aunque pueda haber tormentas, no recoge. 


domingo, 25 de mayo de 2014

Evangelio según San Juan 14,15-21. 

Día de elecciones europeas. Dicen que el nivel de abstención será alto. Pero yo quiero ir a votar. Aunque mi voto caiga en el olvido. Vistos los resultados de las últimas veces, la mayoría no vota lo que yo voto. Porque si votara lo que yo voto, no vería los resultados electorales que hemos tenido. Y parece que todos votan siempre lo mismo.

Todo el mundo quiere que cambie el mundo. Qué redundancia más bonita y verdadera. Ojalá fuera verdad. Que todo el mundo quisiera que cambiara todo el mundo. Porque para cambiar el mundo es el mundo el que tiene que cambiar. Por si no se ha pillado todavía, cualquier cambio nace de uno mismo.

¿Y qué tiene que ver esto con el evangelio de hoy? Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero ustedes sí me verán, porque yo vivo y también ustedes vivirán. Si es que no pudo ser mejor el evangelio de hoy para un día como hoy y para alguien que se ha levantado de tal guisa hoy. 

En tiempos de crisis todos pensamos que es mejor preocuparnos por nosotros mismos y que los demás espabilen. Los sentimientos europeistas se esfuman. El beneficio del colectivo mina el beneficio personal. Es lo que parece que alguien nos quiera vender. Pero yo no pienso igual. No sé si estoy influenciado por un sentimiento de comunidad cristiana. O de un sentimiento de un mundo sin fronteras cuando hay personas que quieren poner más fronteras de las existentes. Véase el independentismo catalán que me toca de cerca. 

Alguno pensará que es algo inherente en la naturaleza humana. Si juntas a unos cuantos humanos, terminarán peleandose. La guerra siempre existirá. Para mi es un sentimiento derrotista que es alimentado con fístulas individualistas. Y las fístulas duelen. Al final, si uno está solo, con seguridad acabará peleándose consigo mismo. Estar sólo no es la solución. Siempre necesitaremos de alguien que nos de otra visión.

Y seguirán preguntándose, ¿qué tiene que ver esto con el evangelio de hoy? Pues miren ustedes. Como ya saben, cuento lo que me sugiere el evangelio que he leido. Puedo estar yo solo y reflexionar sobre si dios está en mi o no. Puedo acertar o equivocarme. Si no estoy sólo, otro puede enseñarme que además de en él, también está en mi, pero no soy capaz de verlo. Me mostrará si soy del mundo y no puedo verle o soy como él, y puedo sentirle y puedo "verle". Pero como todo esto suena esotérico y lejano, por eso hablo de lo que es palpable. De lo que es vivir. Pues sólo viviendo podremos vivirle. Se acabó hablar del aire. Y la vida no somos nosotros solos, somos un conjunto de individuos que formamos la sociedad. Y cuando únicamente pensamos en nuestro bien a costa del de los demás porque somos mejores, somos diferentes o somos lo que quiera que seamos....no estamos viviendo. Estamos matando lo que podríamos ser. 

Y lógico es pensar que, a medida que nos hacemos mayores y contemplamos lo rastrero que puede llegar a ser el ser humano, veamos más allá de lo rastrero y podamos contemplar la belleza de Dios (que está en nosotros y en los demás)