Por fin es viernes. Estaba deseándolo. Y eso que la semana se me ha pasado bastante rápido.
Esta noche me invitan a cenar. Será más arriba. Ella es gallega. Un sol. Me caen enormemente bien las gallegas. Ya era, mira que he tardado en poder pisar la casa de mi fabulosa vecina del tercero. Ha invitado hasta a Rosquilla. Le abriremos la puerta, a ver si sube como siempre las escaleras corriendo para que la persigas.
Hoy nos compara Jesús el Reino de Dios con algo tan pequeño como un grano de mostaza. Que cae en la tierra y, poco a poco, crece y se hace más grande que las hortalizas y con ramas tan fuertes que los pájaros puedan hacer sus nidos en ellas. No sé si será porque hoy es día de cobro, y ya se sabe que el dinero no es buen consejero. Pero no estoy muy inspirado.
Lo primero que me vino a la cabeza cuando leí el evangelio de hoy fue que menos mal que en lugar del grano de mostaza no usó la comparación con una grano en el culo. Porque mira que son molestos ¿Eh? Y tras pensar esta tontería, enseguida enlacé con la idea de que cuantas personas comparan el reino de Dios, en lugar de con un grano de mostaza ,con un grano en el culo.
Y es que parece que existen personas que les molesta que haya otras que pasen por la vida sonriendo, que haya otras que están siempre dispuestas a hechar una mano, que sean buenas. Como si le sacara de quicio nuestros intentos de vivir el reino de dios hoy día. Creo de verdad, que hay personas que consideran a la buena gente como un grano en el culo.
Una playa como cofete vale para perderse en soledad, bien acompañado y para pensar.
viernes, 30 de enero de 2009
jueves, 29 de enero de 2009
La luz... para iluminar. Mc 4,21-25
Hoy toca una de mis lecturas preferidas. Por dos cosas. Pero me siento poco inspirado. Nos dice Jesús una cosa que suena contradictoria O quizá debería decir injusta: “Al que tiene se le dará, y al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene”. Visto desde la Hacienda pública, que quita más al que más tiene, no tiene mucho sentido. Pero esto no hay que verlo desde la perspectiva humana recaudatoria, sino desde la perspectiva humana, y no por ser humana menos divina, del amor. Corrientes humanas que se jactan de no creer en Dios, ya contribuyen a la causa diciendo que una actitud positiva de la vida, atrae hacia nosotros las cosas buenas de la vida. Y al revés, que si somos negativos, atraeremos todo lo malo, pensaremos que sólo nos pasan cosas malas. Pues esto, contado desde el amor humano viene a ser lo mismo. La medida que usemos con los demás, se nos aplicará con creces, dice Jesús.
Y por otro lado, me gusta eso que dice de que “no hay nada oculto que no tenga que descubrirse”, y lo de “ la luz no está hecha para esconderla debajo del lecho”. Siempre que leo esto me acuerdo de esa gente rara (para mi son raros) que busca mensajes ocultos donde no los hay, como si el mensaje de Jesús tuviera que ver con algún tipo de juego masónico, con jeroglíficos y dobles sentidos ocultos para algún fin. Por favor, si ya tiene su propio código de seguridad. Quien tenga oídos para oír, que oiga. Y no hace falta que me diga que se refiere a los oídos el corazón. Quien no tenga esos oídos, ya puede intentar entender, que no lo va a conseguir. Ojalá vendieran sonotones para estos oídos. ¿Quién no se ha estremecido nunca al escuchar a Jesús? Pues seguramente el que no ha podido oirle. Pero, de nada sirve tampoco estremecerse si al poco se nos pasa esa sensación. Sería como poner la vela bajo la cama. Sabemos que está ahí pero no hacemos uso de ella (no nos llegaría su luz).
Ayer tuve un buen día. Todo empezó porque buscando un punt de servei de FECSA encontramos un restaurante japonés barato en Martorell. Desde que no estoy en Barna iba echandolo de menos. No está mal y encima es más barato. Ya tengo un japo al que ir una vez a la semana. Esto se vió acrecentado por una llamada de una amiga entre manjar y manjar. Esa llamada subió los niveles de felicidad. Se me quedó una sonrisa de oreja a oreja que aún me dura hoy. Y es que no hay nada como estar hablando con una amiga mientras te llevas una exquisitez a la boca, jeje. Un placer de dioses.
Y por otro lado, me gusta eso que dice de que “no hay nada oculto que no tenga que descubrirse”, y lo de “ la luz no está hecha para esconderla debajo del lecho”. Siempre que leo esto me acuerdo de esa gente rara (para mi son raros) que busca mensajes ocultos donde no los hay, como si el mensaje de Jesús tuviera que ver con algún tipo de juego masónico, con jeroglíficos y dobles sentidos ocultos para algún fin. Por favor, si ya tiene su propio código de seguridad. Quien tenga oídos para oír, que oiga. Y no hace falta que me diga que se refiere a los oídos el corazón. Quien no tenga esos oídos, ya puede intentar entender, que no lo va a conseguir. Ojalá vendieran sonotones para estos oídos. ¿Quién no se ha estremecido nunca al escuchar a Jesús? Pues seguramente el que no ha podido oirle. Pero, de nada sirve tampoco estremecerse si al poco se nos pasa esa sensación. Sería como poner la vela bajo la cama. Sabemos que está ahí pero no hacemos uso de ella (no nos llegaría su luz).
Ayer tuve un buen día. Todo empezó porque buscando un punt de servei de FECSA encontramos un restaurante japonés barato en Martorell. Desde que no estoy en Barna iba echandolo de menos. No está mal y encima es más barato. Ya tengo un japo al que ir una vez a la semana. Esto se vió acrecentado por una llamada de una amiga entre manjar y manjar. Esa llamada subió los niveles de felicidad. Se me quedó una sonrisa de oreja a oreja que aún me dura hoy. Y es que no hay nada como estar hablando con una amiga mientras te llevas una exquisitez a la boca, jeje. Un placer de dioses.
Por cierto, no quería despedirme hoy sin mandarle un beso a la pitufa, que me saludó ayer por la mañana. Y es que es un torbellino. Me cuesta mucho seguirle. Es de lista la jodía...... Un beso, Pitufa.
miércoles, 28 de enero de 2009
Parábola del Sembrador. Mc 4,1-20
Ayer tuve una sorpresa agradable. Me dejó un comentario la creadora de un blog del coro de Fátima, coro en el que yo comencé participando hace la friolera de 15 años. Desde hace ya 4 ó 5 años dejé de ser miembro activo. Ya no acudía con frecuencia a Salamanca. Es lo que tiene trabajar. La verdad es que hay que agradecerle a esta mujer su labor de que la misa de niños siga existiendo. La última vez que fui por allí observé como un renacimiento. Y es que tuve la suerte de ver su apogeo, la pena de su declive y, gracias a esta chica, su renacimiento. La misa está llena de chavales. Impresionante.
En cuanto al tema de hoy. Sólo conozco una vez que me impresionara Jesús por mostrar violencia. Fue sobre todo física, cuando con unas cuerdas se hizo un látigo para echar a los cambistas y comerciantes con sus puestos del templo. Y hoy muestra violencia dialéctica. Como para no dar miedo. Debo decir, que a mi me hablaron siempre de un Dios Amor, tuve esa suerte, no me metieron miedos adicionales que no valen para nada sobre dioses justicieros y castigadores. Pero ¿es posible que Dios muestre mala leche? ¿Por qué no? Al hacerse hombre perdió esa inmunidad a los más bajos instintos humanos. Tuvo que padecerlos, como nosotros. Me voy a explicar mejor. Hoy nos habla de la parábola del sembrador. Cuando acaba de contarlo a un grupo enorme de gente, los discípulos le interrogan sobre la parábola:
El les dijo: «A vosotros se os ha dado comprender el misterio del Reino de Dios, pero a los que están fuera todo se les presenta en parábolas, para que por mucho que miren no vean, por mucho que oigan no entiendan, no sea que se conviertan y se les perdone».
Repito, “no sea que se conviertan y se les perdone”. ¿Qué quiere decir con esto? ¿Qué no todos somos dignos de su amor? He visto claro. Me he puesto en su lugar. Cuantas veces he querido decirle cosas a mis amigos y, por la tontería de hacerles pensar por ellos mismos, he hablado de forma enigmática y no he querido ser más claro. Y esto le pasa a ÉL. No es que no quiera que le entendamos. Pretende que nosotros mismos nos demos cuenta de lo realmente importante que es aplicar sus enseñanzas en la relación con nuestros hermanos. Pero los hermanos no sólo de sangre. La pena que me da es saber que no todos aprenderemos la lección a tiempo.
Pero la parábola tiene su pequeña esperanza. Ya seamos suelo de abrojos, pedregoso o de borde de camino, lo bueno es que el sembrador vuelve a pasar.
En cuanto al tema de hoy. Sólo conozco una vez que me impresionara Jesús por mostrar violencia. Fue sobre todo física, cuando con unas cuerdas se hizo un látigo para echar a los cambistas y comerciantes con sus puestos del templo. Y hoy muestra violencia dialéctica. Como para no dar miedo. Debo decir, que a mi me hablaron siempre de un Dios Amor, tuve esa suerte, no me metieron miedos adicionales que no valen para nada sobre dioses justicieros y castigadores. Pero ¿es posible que Dios muestre mala leche? ¿Por qué no? Al hacerse hombre perdió esa inmunidad a los más bajos instintos humanos. Tuvo que padecerlos, como nosotros. Me voy a explicar mejor. Hoy nos habla de la parábola del sembrador. Cuando acaba de contarlo a un grupo enorme de gente, los discípulos le interrogan sobre la parábola:
El les dijo: «A vosotros se os ha dado comprender el misterio del Reino de Dios, pero a los que están fuera todo se les presenta en parábolas, para que por mucho que miren no vean, por mucho que oigan no entiendan, no sea que se conviertan y se les perdone».
Repito, “no sea que se conviertan y se les perdone”. ¿Qué quiere decir con esto? ¿Qué no todos somos dignos de su amor? He visto claro. Me he puesto en su lugar. Cuantas veces he querido decirle cosas a mis amigos y, por la tontería de hacerles pensar por ellos mismos, he hablado de forma enigmática y no he querido ser más claro. Y esto le pasa a ÉL. No es que no quiera que le entendamos. Pretende que nosotros mismos nos demos cuenta de lo realmente importante que es aplicar sus enseñanzas en la relación con nuestros hermanos. Pero los hermanos no sólo de sangre. La pena que me da es saber que no todos aprenderemos la lección a tiempo.
Pero la parábola tiene su pequeña esperanza. Ya seamos suelo de abrojos, pedregoso o de borde de camino, lo bueno es que el sembrador vuelve a pasar.
martes, 27 de enero de 2009
Estás invitado. Mc 3,31-35
Señor, tu madre y tus hermanos están ahí afuera esperándote. Jesús mira al corro que tiene formado delante y dice ¿Quién es mi madre y mis hermanos? Son aquellos que escuchan la voluntad de Dios y la cumplen.
Los hay que ante esta lectura encuentran pie a sus teorías de que la vírgen no lo fue siempre, pues Jesús tuvo hermanos, aquí lo dice. Y digo yo ¿Quién leches puede dar importancia a la virginidad de María? Yo no se la doy. Hoy no me apetece ser diplomático con nadie. No quiero ofender a nadie tampoco, pero no puedo evitar que alguien se sienta herido en el sentimiento por mi forma de pensar. Y es que mi Fe no se basa en la virginidad de la madre de Jesús. No me parece un dato relevante. Más relevante es escuchar lo que nos dice hoy Jesús.
Dejémonos de nuestras gilipolleces inhumanas y seamos más humanos. No creo que Jesús quitara importancia a los lazos sanguíneos, pero estoy seguro de que todo el mundo tiene familia con la que precisamente no comparte los mismos genes. Amigos, que son más íntimos que nuestro propios hermanos de sangre. Luego están aquellos familiares que no son dignos de mención en nuestras conversaciones, aunque sí en el recuerdo, torturándonos a unos y a otros haciéndoles más duros de corazón. Las relaciones entre las personas son tan variadas que puede parecer estadísticamente normal que haya de todo, como en botica.
Y es que, leyendo hoy el evangelio, siento la gran familia que tengo. Una familia formada por todos los que tenemos algún parentesco, por los que se han ido agregando, pareja, amigos… por los que se agregarán en el futuro… No obstante tengo mucho que aprender aún. No sé si de nociones de familia o de hospitalidad. Pero me puede que mis amigos me hagan sentir en su casa tan a gusto como en la mía. El miedo que me da este sentimiento es el que llegue algún día a autoinvitarme. De hecho, en mis viajes largos, por ejemplo a Galicia, aviso a mi amigo de Burgos que voy. Ya ni pido permiso, digo que voy directamente. Que haré escala en su casa. ¿Estarás?
Me salto los cánones y los patrones normales de conducta y buena educación. Siempre se dijo que “donde hay confianza, da asco”.
Y yo me pregunto -¿me considero hermano de Jesús? Desde luego, él me llama amigo, por lo que entiendo que soy como su hermano. ¿Me estaré autoinvitando en su casa? Imagino que cada vez que voy con el pabellón alto de “Yo creo en Jesús” y hago cosas que se salen de la “voluntad divina”, es cuando soy de esos que realmente se autoinvitan y dan ganass de todo menos de acogerles, porque son unos falsos.
Y yo tengo clara una cosa. No quiero autoinvitarme. Quiero sentirme como en mi casa. Y doy gracias a Dios, a mis padres, a mis hermanos, a mis amigos… por hacerme sentir como en casa, aunque a veces den ganas de echarme a patadas.
Los hay que ante esta lectura encuentran pie a sus teorías de que la vírgen no lo fue siempre, pues Jesús tuvo hermanos, aquí lo dice. Y digo yo ¿Quién leches puede dar importancia a la virginidad de María? Yo no se la doy. Hoy no me apetece ser diplomático con nadie. No quiero ofender a nadie tampoco, pero no puedo evitar que alguien se sienta herido en el sentimiento por mi forma de pensar. Y es que mi Fe no se basa en la virginidad de la madre de Jesús. No me parece un dato relevante. Más relevante es escuchar lo que nos dice hoy Jesús.
Dejémonos de nuestras gilipolleces inhumanas y seamos más humanos. No creo que Jesús quitara importancia a los lazos sanguíneos, pero estoy seguro de que todo el mundo tiene familia con la que precisamente no comparte los mismos genes. Amigos, que son más íntimos que nuestro propios hermanos de sangre. Luego están aquellos familiares que no son dignos de mención en nuestras conversaciones, aunque sí en el recuerdo, torturándonos a unos y a otros haciéndoles más duros de corazón. Las relaciones entre las personas son tan variadas que puede parecer estadísticamente normal que haya de todo, como en botica.
Y es que, leyendo hoy el evangelio, siento la gran familia que tengo. Una familia formada por todos los que tenemos algún parentesco, por los que se han ido agregando, pareja, amigos… por los que se agregarán en el futuro… No obstante tengo mucho que aprender aún. No sé si de nociones de familia o de hospitalidad. Pero me puede que mis amigos me hagan sentir en su casa tan a gusto como en la mía. El miedo que me da este sentimiento es el que llegue algún día a autoinvitarme. De hecho, en mis viajes largos, por ejemplo a Galicia, aviso a mi amigo de Burgos que voy. Ya ni pido permiso, digo que voy directamente. Que haré escala en su casa. ¿Estarás?
Me salto los cánones y los patrones normales de conducta y buena educación. Siempre se dijo que “donde hay confianza, da asco”.
Y yo me pregunto -¿me considero hermano de Jesús? Desde luego, él me llama amigo, por lo que entiendo que soy como su hermano. ¿Me estaré autoinvitando en su casa? Imagino que cada vez que voy con el pabellón alto de “Yo creo en Jesús” y hago cosas que se salen de la “voluntad divina”, es cuando soy de esos que realmente se autoinvitan y dan ganass de todo menos de acogerles, porque son unos falsos.
Y yo tengo clara una cosa. No quiero autoinvitarme. Quiero sentirme como en mi casa. Y doy gracias a Dios, a mis padres, a mis hermanos, a mis amigos… por hacerme sentir como en casa, aunque a veces den ganas de echarme a patadas.
lunes, 26 de enero de 2009
Blasfemia contra el Espíritu Santo.Mc 3,22-30
Desde luego... Le llaman a uno gilipollas y le dicen que está como una puta cabra. Cualquiera diría que tengo que reflexionar. Es posible que me haya salido de la dinámica que tanto aburre. Hablar del evangelio no interesa. Distrae más deshogarse contra las tonterías de alguien. Decirle que está como una puta cabra. Eso es divertido. Eso relaja nuestra mala leche. Así uno se siente algo mejor. Pues me alegro. Si ya me lo han dicho veces. Nacho, tú vas para payaso. Y llegará un día en que alguien se preguntará: ¿Dónde está Nacho? Y yo faltaré. Y no tendré tiempo de explicar que me fui.
No obstante, no sería tan gratuito meterse contra el Espíritu Santo. Siempre me dió respeto, por no decir miedo estas palabras de Jesús. Quien blasfeme contra el Espíritu Santo no tiene perdón de Dios. No lo dijo así, pero viene a ser lo mismo. El que tenga curiosidad sólo tiene que leer la lectura de hoy.
Es evidente que entonces lo decía refiriéndose a los que se metían contra él. Pero hoy día, me pregunto qué formas son aquellas en las que se puede blasfemar contra el Espíritu Santo. ¿No dicen que Dios lo perdona todo? Parece ser que todo no. Hay que andar con pies de plomo. En cualquier momento nos podemos hundir.
Y volviendo al video del sábado.... tenía curiosidad por conocer las reacciones de quienes me leen. Y debo decir que sorprenden. Desde luego, mirad que algo voy conociendoos. Pero para nada me hubiera esperado esa respuesta de vosotros.
El sábado fuimos a cenar rata. Pero como hacía una noche insoportable de viento nos fuimos enseguida a casa. El domingo, en cambio, hizo un buen día. Cogimos a Ciriaca y nos reunimos en Sitges con unos amigos. Y muy bien. Dimos un paseo y nos tomamos un café. El servicio era curioso, pues disponía d eun ventanal grande. Sobre todo las chicas pasaban más vergüenza, jajaja.
Después regresamos a Tarragona, al Serrallo. Habíamos pasado por la Platja Llarga, pero el Toful de Mar no disponía de sitio. Todo reservado. Pero tuvimos mala suerte. Nos han cambiado el Can Capi. Ahora se llama de otra manera. Ya no podremos tomarnos esas ricas mariscadas. Nos tomamos una paella. No estaba mal. Acabamos llenísimos. Luego nos fuimos a tomar un café al Pla de la Seu. Vimos a este cordobés que conquistó Cataluña haciédose su presidente. ¿Montilla, no? Se conoco que había algún acto del any jubilar en la catedral y no nos dejaron dejar la moto cerquita los municipales. Me sorprende que seamos tan laicos y vayamos a todos los eventos religiosos. Cuánta gente, mare meva!
Es lunes ya y toca trabajar.
No obstante, no sería tan gratuito meterse contra el Espíritu Santo. Siempre me dió respeto, por no decir miedo estas palabras de Jesús. Quien blasfeme contra el Espíritu Santo no tiene perdón de Dios. No lo dijo así, pero viene a ser lo mismo. El que tenga curiosidad sólo tiene que leer la lectura de hoy.
Es evidente que entonces lo decía refiriéndose a los que se metían contra él. Pero hoy día, me pregunto qué formas son aquellas en las que se puede blasfemar contra el Espíritu Santo. ¿No dicen que Dios lo perdona todo? Parece ser que todo no. Hay que andar con pies de plomo. En cualquier momento nos podemos hundir.
Y volviendo al video del sábado.... tenía curiosidad por conocer las reacciones de quienes me leen. Y debo decir que sorprenden. Desde luego, mirad que algo voy conociendoos. Pero para nada me hubiera esperado esa respuesta de vosotros.
El sábado fuimos a cenar rata. Pero como hacía una noche insoportable de viento nos fuimos enseguida a casa. El domingo, en cambio, hizo un buen día. Cogimos a Ciriaca y nos reunimos en Sitges con unos amigos. Y muy bien. Dimos un paseo y nos tomamos un café. El servicio era curioso, pues disponía d eun ventanal grande. Sobre todo las chicas pasaban más vergüenza, jajaja.
Después regresamos a Tarragona, al Serrallo. Habíamos pasado por la Platja Llarga, pero el Toful de Mar no disponía de sitio. Todo reservado. Pero tuvimos mala suerte. Nos han cambiado el Can Capi. Ahora se llama de otra manera. Ya no podremos tomarnos esas ricas mariscadas. Nos tomamos una paella. No estaba mal. Acabamos llenísimos. Luego nos fuimos a tomar un café al Pla de la Seu. Vimos a este cordobés que conquistó Cataluña haciédose su presidente. ¿Montilla, no? Se conoco que había algún acto del any jubilar en la catedral y no nos dejaron dejar la moto cerquita los municipales. Me sorprende que seamos tan laicos y vayamos a todos los eventos religiosos. Cuánta gente, mare meva!
Es lunes ya y toca trabajar.
domingo, 25 de enero de 2009
¿Quién decís que soy yo?
Hace dos mil años un hombre formuló esta pregunta a un grupo de amigos (Evangelio de San Marcos 8, 27). Y la historia no ha terminado aún de responderla. El que preguntaba era simplemente un aldeano que hablaba a un grupo de pescadores. Nada hacía sospechar que se tratara de alguien importante. Vestía pobremente. Él y los que le rodeaban eran gente sin cultura, sin lo que el mundo llama "cultura". No poseían títulos ni apoyos. No tenían dinero ni posibilidades de adquirirlo. No contaban con armas ni con poder alguno. Eran todos ellos jóvenes, poco más que unos muchachos, y dos de ellos -uno precisamente el que hacía la pregunta- morirían antes de dos años con las más violentas de las muertes. Todos los demás acabarían, no mucho después, en la cruz o bajo la espada. Eran, ya desde el principio y lo serían siempre, odiados por los poderosos. Pero tampoco los pobres terminaban de entender lo que aquel hombre y sus doce amigos predicaban. Era, efectivamente, un incomprendido.
Los violentos le encontraban débil y manso. Los custodios del orden le juzgaban, en cambio, violento y peligroso. Los cultos le despreciaban y le temían. Los poderosos se reían de su locura. Había dedicado toda su vida a Dios, pero los ministros oficiales de la religión de su pueblo le veían como un blasfemo y un enemigo del cielo. Eran ciertamente muchos los que le seguían por los caminos cuando predicaba, pero a la mayor parte les interesaban más los gestos asombrosos que hacía o el pan que les repartía que todas las palabras que salían de sus labios. De hecho todos le abandonaron cuando sobre su cabeza rugió la tormenta de la persecución de los poderosos y sólo su madre y tres o cuatro amigos más le acompañaron en su agonía.
La tarde de aquel viernes, cuando la losa de un sepulcro prestado se cerró sobre su cuerpo, nadie habría dado un céntimo por su memoria, nadie habría podido sospechar que su recuerdo perduraría en algún sitio, fuera del corazón de aquella pobre mujer -su madre- que probablemente se hundiría en el silencio del olvido, de la noche y de la soledad.
Y... sin embargo, veinte siglos después, la historia sigue girando en torno a aquel hombre. Los historiadores -aún los más opuestos a él- siguen diciendo que tal hecho o tal batalla ocurrió tantos o cuantos años antes o después de él. Media humanidad, cuando se pregunta por sus creencias, sigue usando su nombre para denominarse. Dos mil años después de su vida y muerte, se siguen escribiendo cada año más de mil volúmenes sobre su persona y doctrina. Su historia ha servido como inspiración para, al menos, la mitad de todo el arte que ha producido el mundo desde que él vino a la tierra. Y, cada año, decenas de miles de hombres y mujeres dejan todo -sus familias, sus costumbres, tal vez hasta su patria- para seguirle enteramente, como aquellos doce primeros amigos.
¿Quién, quién es este hombre por quien tantos han muerto, a quien tantos han amado hasta la locura y en cuyo nombre se han hecho también -¡ay!- tantas violencias? Desde hace dos mil años, su nombre ha estado en boca de millones de agonizantes, como una esperanza, y de millares de mártires, como un orgullo. ¡Cuántos han sido encarcelados y atormentados, cuántos han muerto sólo por proclamarse seguidores suyos! Y también -¡ay!- ¡cuantos han sido obligados a creer en él con riesgo de sus vidas, cuantos tiranos han levantado su nombre como una bandera para justificar sus intereses o sus dogmas personales! Su doctrina, paradójicamente, inflamó el corazón de los santos y las hogueras de la Inquisición. Discípulos suyos se han llamado los misioneros que cruzaron el mundo sólo para anunciar su nombre y discípulos suyos nos atrevemos a llamarnos quienes -¡por fin!- hemos sabido compaginar su amor con el dinero.
¿Quién es, pues, este personaje que parece llamar a la entrega total o al odio frontal, este personaje que cruza de medio a medio la historia como una espada ardiente y cuyo nombre -o cuya falsificación- produce frutos tan opuestos de amor o de sangre, de locura magnífica o de vulgaridad? ¿Quién es y qué hemos hecho de él, cómo hemos usado o traicionado su voz, qué jugo misterioso o maldito hemos sacado de sus palabras? ¿Es fuego o es opio? ¿Es bálsamo que cura, espada que hiere o morfina que adormila? ¿Quién es? ¿Quién es? Pienso que el hombre que no ha respondido a esta pregunta puede estar seguro de que aún no ha comenzado a vivir. Gandhi escribió una vez: "Yo digo a los hindúes que su vida será imperfecta si no estudian respetuosamente la vida de Jesús". ¿Y qué pensar entonces de los cristianos -¿cuántos, Dios mío?- que todo 1o desconocen de él, que dicen amarle, pero jamás le han conocido personalmente?
Y es una pregunta que urge contestar porque, si él es lo que dijo de sí mismo, si él es lo que dicen de él sus discípulos, ser hombre es algo muy distinto de lo que nos imaginamos, mucho más importante de lo que creemos. Porque si Dios ha sido hombre, se ha hecho hombre, gira toda la condición humana. Si, en cambio, él hubiera sido un embaucador o un loco, media humanidad estaría perdiendo la mitad de sus vidas.
Conocerle no es una curiosidad. Es mucho más que un fenómeno de la cultura. Es algo que pone en juego nuestra existencia. Porque con Jesús no ocurre como con otros personajes de la historia. Que César pasara el Rubicón o no lo pasara, es un hecho que puede ser verdad o mentira, pero que en nada cambia el sentido de mi vida. Que Carlos V fuera emperador de Alemania o de Rusia, nada tiene que ver con mi salvación como hombre. Que Napoleón muriera derrotado en Elba o que llegara siendo emperador al final de sus días no moverá hoy a un solo ser humano a dejar su casa, su comodidad y su amor y marcharse a hablar de él a una aldehuela del corazón de África.
Pero Jesús no, Jesús exige respuestas absolutas. Él asegura que, creyendo en él, el hombre salva su vida e, ignorándole, la pierde. Este hombre se presenta como el camino, la verdad y la vida (Juan 14, 6). Por tanto -si esto es verdad- nuestro camino, nuestra vida, cambian según sea nuestra respuesta a la pregunta sobre su persona. ¿Y cómo responder sin conocerle, sin haberse acercado a su historia, sin contemplar los entresijos de su alma, sin haber leído y releído sus palabras?"
José Luis Martín Descalzo
sábado, 24 de enero de 2009
Extracto de la Carta a Dios
He sido felíz, claro. ¿Cómo no iba a serlo? Y he sido felíz ya aquí, sin esperar la gloria del cielo. Mira, tú ya sabes que no tengo miedo a la muerte, pero tampoco tengo ninguna prisa porque llegue. ¿Podré estar allí más en tus brazos de lo que estoy ahora? Porque éste es el asombro: el cielo lo tenemos ya desde el momento en que podemos amarte. Tiene razón mi amigo Cabodevilla: nos vamos a morir sin aclarar cuál es el mayor de tus dones, si el de que tú nos ames o el de que nos permitas amarte.
José Luis Martín Descalzo.
He leido hoy la carta y he puesto lo que me ha llegado hoy al alma.
José Luis Martín Descalzo.
He leido hoy la carta y he puesto lo que me ha llegado hoy al alma.
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