martes, 10 de abril de 2012

Bautismo

El otro día me encontré con una agradable sorpresa en la Vigilia Pascual. Una chica de 27 años recibía su bautismo y, cómo no, también recibió al Espíritu Santo por el sacramento de la Confirmación. Y digo que fue una agradable sopresa porque me sorprende que en los tiempos de desprestigio que corre la iglesia hoy día, aún queden personas que quieran pertenecer a ella.

Fue uno de esos momentos emotivos. Sus padrinos creo que fueron sus abuelos. Tendríais que haberles visto. Cuánta emoción. La chica, en el momento que formó parte de la gran familia que es la Iglesia, fue obsequiada con un gran aplauso. También lloró, cómo no. Supongo que no se lo esperaba. Cómo le cambió la historia. Por lo que contó a la asamblea el párroco, hubieran querido participar del sacramento en la más estricta intimidad. Pero, como reconoció el párroco, no se podía desperdiciar la oportunidad de recibir el sacramento del bautismo en la Vigilia Pascual, donde alcanza mayor significado si cabe. Y les "forzó" a sacramentarse en la Vigilia.

Una más, pensaría ella que era. La más, me atrevería yo a decirle. Tener el valor de decir SÍ a Jesús resucitando. Si, no digo resucitado, digo resucitando, porque no hacemos más que meterle perdigonazos con nuestro día a día y tenemos que irle resucitando después. Desde aquí quiero felicitarte, Virginia. Y transmitirte la emoción que sentí por tu aplomo de decir SÍ.

¿Que si era guapa? Preguntarán algunos.
Guapísima.

martes, 27 de marzo de 2012

Extrañar

Cuando era pequeño, en el colegio escribieron un informe sobre mi que venía a decir lo que también me expresó después un jefe que tuve muchos años después ya en mi vida profesional.

Este informe que encontré escarbando entre muchos papeles antiguos de mi armario, decía que sólo consultaba al profesor en casos extremos, es decir, cuando me trababa, cuando por mi mismo no era capaz de acabar lo que tuviera encomendado. Sea cual sea el ejercicio. Y mi jefe me dijo una vez que, sin saber si era bueno o era malo, me encargaba cualquier trabajillo y temía cuando iba a buscarle en pos de consejo, pues, al parecer, sólo acudía a mi jefe cuando yo no veía solución por mi mismo.

Esto viene a cuento, a que el otro día recibí noticias de una amiga mía que me dijo que me extrañaba mucho cuando estaba triste. Hacía tiempo que no sabía de ella e ignoraba qué es lo que le entristecía. Pensé en lo mucho que me gustaría quedar ese mismo día con ella y que compartiera conmigo sus tristezas para ver si podía hacer algo por alegrarle. Pero claro, el teletransporte aún no está inventado. También me vino a la cabeza el requeteconocido pensamiento de "ya podías acordarte de mi en momentos alegres". Pero me dije ¡no seas así!

Cuantas veces nos acordamos de Dios en tiempos de tribulación. En esos momentos es cuando nos sentimos abandonados. ¿Será que tenía abandonada yo a mi amiga? Pues sí, es cierto. Aunque debo reconocer que era recíproco, que llevábamos mucho tiempo sin tener contacto el uno con el otro, fue ella la primera en contactar conmigo. Pasa por una de esas tristezas que de vez en cuando a todos nos dominan y se acordó de su amigo de la playa de cofete.

Y yo, curiosamente, la había visto este fin de semana pasado a traves de otra persona que confundí con ella. La chica, que no era ella, claro, se le parecía mucho. Me quedé pasmado mirándola, intenado buscar las 7 diferencias y la chica, mayor que mi amiga pero de belleza similar, me mantuvo la mirada intrigada por el interés que mantenía en ella. Una lástima que si ella entraba en el bar donde estaba con mis amigos, nosotros salimos al poco rato, tirando por tierra una de esas guerras psicológicas que en un tiempo me gustaba practicar.

miércoles, 4 de enero de 2012

Feliz Año, Jo.

Jn 1,35-42 “Venid y lo vereis”.

Así contestaba Jesús a aquellos que le preguntaban donde vivía. Y quienes le iban conociendo, se quedaban con él. Y hablaban de él a los demás. “Le hemos encontrado” es lo que decían. Le llega el mensaje a Simón y se presenta también ante Jesús, que se le queda mirando. “Tu eres Simón, hijo de Juan, pero ahora te llamarás Cefas (Pedro para los amigos)”

Hay quien dice que Jesús reclutaba, era quien te llamaba. En cierto modo era así, pero era realmente el corazón de uno el que se sentía llamado. Y hoy por hoy, sigue siendo el corazón el que se siente llamado.

Cuando conocemos a alguien y sentimos esa “afinidad” inicial, ese impulso que nos empuja a querer conocer a alguien, a preguntarle de dónde viene, dónde vive. Qué pregunta esta, ¿dónde vives? Como su la respuesta nos pudiera indicar quién es y qué tipo de persona puede ser. ¿Es importante donde vivimos? ¿Es importante con quiénes vamos? ¿Son ambas cuestiones que deban ir parejas? Seguramente no. Pero me llama enormemente la atención que el preguntaran DÓNDE vivía. Y aún más la respuesta “Venid y lo veréis”.

Cuando me preguntan donde vivo, la respuesta que doy depende de quién me la pregunta. Hay quienes me generan desconfianza y contesto con circunloquios. Hay quienes me agradan a primera vista y me lanzo en invitarles a ver dónde vivo.

Recuerdo cuando aún dependía de mis mayores (en realidad siempre debes depender de ellos) pedía permiso para traer a mis amigos a casa. Y me ilusionaba y anhelaba tener mi casa propia. Casa donde invitarles a quedarse a jugar sin mirar la hora. Si se hacía muy tarde quedarse a dormir. Y todo eso sin pedir permiso a nadie. Me parecía muy bonito tener la oportunidad de compartir tu casa con los amigos.

Ahora soy mayor. Tengo mi casa. Pero tengo un problema. Mis amigos son también mayores. Y alguno de ellos también tiene su casa. Y como en casa de uno no se está en ningún otro sitio. Quizá sea esa la razón por la que cuesta tanto tener invitados. Quizá sea esa la razón por la que cuesta tanto dejarse invitar. ¿Cómo puede ser que prefiramos la comodidad? ¿Acaso nos da miedo que nos tilden de interesados o gorrones? ¿Estamos seguros que educación es decir que no a un amigo?

Sí, ya sé. Da trabajo tener invitados. La casa se vuelve más desordenada. Nada se queda en su sitio. Con el tiempo deseamos tener el tiempo y el espacio para volver a la normalidad. A nuestra normalidad. La ayuda que nos pueda ofrecer la visita durante el tiempo que dure no la vemos demasiado valiosa. No tienen nuestro mismo sentido del orden y limpieza. Pero si se quedan sentados, les hacemos sentir demasiado en sus carnes la palabra “invitado”. Nos han educado a no ser demasiado “invitados”. Algo tenemos que hacer. Quizá valga con ayudar a recoger la mesa después de comer. Ofrecernos para fregar.

¿Y qué pasa con la casa de Dios? La casa de Dios es muy grande. Es como una esfera achatada que tiene jardines y numerosas casas. Si muchas veces los invitados a palacios tienen dificultades para ver al rey por la enormidad del sitio al que están invitados (y por la importancia del rey, claro está, no cualquier mindundi puede ver a su majestad aunque esté invitado a Palacio) imagino que es más difícil ver a Dios en la casa a la que hemos sido invitados. ¿Dónde tendrá su morada? ¿En el gran desierto de Gobi? ¿En la sabana africana?
Pero esto no es importante hoy. Hoy lo importante es cómo sentimos eso de ser INVITADOS. ¿Actuamos colaborando o somos de aquellos invitados que como tal nos lo deben dar todo hecho?

¿Alguna vez lo habéis pensado? Desde luego, soy de los que piensan que todo depende de la ocasión. Hay veces que tenemos que ser invitados puros, de los que se sientan y esperan a que la mesa esté puesta y nos sirvan los platos que iremos degustando y agradeciendo posteriormente. Otras veces notaremos la necesidad de colaborar y ser nosotros quienes sirvamos a otros que son invitados como nosotros. Hay tiempo para todo, entiendo. No todas las circunstancias son siempre las mismas.

Pero NO ESTÁ BIEN que un invitado se queje y NO HACER NADA para mejorar la situación de la que nos quejamos.

No está bien enrarecer el ambiente del lugar al que hemos sido invitados. No es educado tampoco. Aquí podría venir bien la frase “Cuando el diablo está ocioso mata moscas con el rabo”.

¿Es el aburrimiento lo que nos hace ser malos? Me estoy yendo del tema y de la lectura de hoy.

Pero el mensaje está claro y no soy nadie para enrevesarlo como lo hago. Pido disculpas.

¿Quién se viene a ver dónde vive Jesús? Está claro que nos ha dicho “Venid y vereis”.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Y dale con la Sanidad


Sí, ya sé. Cansa hablar de lo mismo. Pero es que es verdad. Hace una semana volvía a ser noticia lo de los del pueblo de una comunidad que querían acudir al hospital de otra porque les pillaba más cerca. La noticia decía que ya se habían puesto de acuerdo salvo en el detalle más importante. El dinero.

Pero, ¡coño!

¿Acaso es que no lo dice todo lo de ponerse de acuerdo con el dinero? ¿No brama al cielo que la Sanidad debería ser de competencia única del gobierno de España? ¿No ven que las fórmulas establecidas para que cada comunidad autónoma ejerza sus competencias perjudican al ciudadano?

viernes, 18 de noviembre de 2011

Sanidad para todos

Soy de los que piensan que la Sanidad es una de las competencias que nunca se deberían haber transferido a las comunidades autónomas.

La reciente noticia de ciertos ciudadanos alaveses, que les pillaba más cerca el uso de centros sanitarios de La Rioja, se vieron con cierta barrera Riojana a la hora de ser atendidos. ¿Razón? Al pagas sus impuestos en el Pais Vasco, ahora que estamos en tiempos de crisis, Los Riojanos no quieren tener un gasto por quienes no ayudan a sufragarlo. Lógico, ¿verdad?

Luego aparece una ministra de Sanidad diciendo que tienen garantizado el uso sanitario porque existe un fondo de cohesión, etc, etc. Si yo no digo que no exista un procedimiento por el cual se pasen cargos internos las comunidades entre sí por atender a ciudadanos de otras comunidades, pero lógico es que pase lo que pase: ante la duda de que se cobre, mejor no se atiende como tiene que ser al ciudadano y se le indica que acuda al médico de la comunidad de origen.

¿Esto es tener derecho por igual a la Sanidad en todo el territorio Español?

Desde luego, me alegra que salga a la palestra noticias como esta, porque son fiel reflejo de lo que ocurre en España.

Me ha tocado viajar mucho por trabajo. He tenido targeta sanitaria del Insalud, del Sacyl, del Sergas y de Catsalud. Y maldita la hora en que alguien dijo que tenía que existir tanta tarjeta. ¿Que tienes que ir al médico? Que no tengas que ir dos veces en dos semanas diferentes, porque al parecer cada semana se turnan los médicos para atender a los desplazados y tienes que volver a contar tu historial desde el principio. ¿Que necesitas ir al especialista? Pues tienes que pedirte vacaciones porque para una consulta de una hora a 600km de tu casa tienes que gastar al menos 2 días de vacaciones. ¿Y todo por qué? ¿Así se hace más productivo el país? ¿Así se tiene más contento a los ciudadanos españoles?

Es posible que se engañe a los paisanos que no han tenido la necesidad de salir de su ciudad para poder ganarse el pan y se les meta en la mollera que así demuestran mejor independencia.

Cuanta razón tenía Unamuno: Los nacionalismos se curan viajando.

Otro día hablaré de la Educación, que tampoco se tenía que haber transferido.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Tan cerca de mi

Me decía ayer mi amigo el canario, que lo tengo tan cerca de mi, que cómo se me ocurre tener una foto de la playa de Cofete con un bidón de plástico como protagonista.

¡Qué quieres que te diga!-le contesté-incluso con esa garrafa me parece encantadora.

jueves, 25 de agosto de 2011

Adios AGOSTO

Se fue el mes de Agosto. Un mes de mucho trabajo que se me ha escurrido entre los dedos. Afortunadamente todavía queda verano para los que vivimos en zona de costa.

Llega septiembre, mes más despejado de la masa de veraneantes que copaban las arenas de las playas. Sus orillas tornarán de nuevo tranquilas con sólo el murmullo de las olas.

Me gusta el mes de Septiembre. Cumpliré años, cuestión que siempre me incomodó reconocer. Y eso que con los años me encuentro cada vez mejor. Igual no opinan lo mismo quienes me conocieron en juventud, pero me sienta bien el pasar de los años. Seguramente por el deseo de sentirme bien.

El futuro cada vez es más incierto, pero... tengo ilusión en él. Hoy tengo el alma abierta.

Pasen y vean.