Esto pasa por escribirse notitas con la camarera que hacía la habitación por las mañanas. Mira que son simpáticos y amables. Siempre que les saludabas te dedicaban una sonrisa. Y es que no costaba nada un "Hola, buenos días" a todo aquél con el que te cruzabas, ya estuviera barriendo, podando o el menester para el que estuviera contratado. Te contestaban con una sonrisa. Este post va dedicado a Graciela, que con sus manos realizó un bicho diferente con las toallas cada día.
No pude evitar retratarme con toda la familia, jeje. Y es que cuando hizo el elefante, nos gustó tanto que le pedimos que no lo deshiciera. Y a partir de ahí no nos deshizo ninguno de los bichos. Estuvimos a punto de tener que salirnos de la habitación por que no entrábamos tantos, jajaja.
